Por Elia Ramírez Rouvalis

Mi encuentro con Grecia en 1974 fue emotivo, sorprendente y agradable. Me impresionó la espontaneidad de su gente, la música y los bailes, lo natural de la comida y la luz que invadía todo. No imaginé que muchos años después viviría en este país que ofrece tanto. A la pregunta ¿qué me gusta de Grecia? me limito a dar algunos ejemplos. 
 
Grecia guarda muchos vestigios de sus culturas antiguas. En Atenas, la Acrópolis, lugar de los dioses, monumento occidental por excelencia, a sus pies, el Ágora, lugar de la vida, del ejercicio de la democracia, del comercio, el teatro y la música. Museos ricos como el Arqueológico, con el oro de Micenas y estatuas clásicas, el de Keramikós, con sus tumbas de mármol y esculturas eróticas, los restos del Ágora romana… De pronto, aparecen un sinfín de pequeñas tiendas de souvenirs y otros artículos, cafeterías, restaurantes y expendios de los famosos “tacos griegos”, las pitas y suvlakis, bocados típicos que reemplazan una comida. Después de saborear una pita se toma la calle peatonal Ermou, llena de tiendas de marcas conocidas, se llega a la Plaza Síndagma, con su fuente de mármol y su escalera blanca que lleva a la tumba del soldado desconocido, el cambio de guardia de los evzones, jóvenes gallardos vestidos con el traje tradicional griego usado hasta el siglo pasado, tiene lugar cada hora. 
 
Entre muchas, me encanta la ruta por el Peloponeso, Micenas- Nafplio- Teatro de Epidauro.Se llega por Fijtia, a pocos kilómetros del sitio arqueológico de la época de bronce, Micenas. Quedan restos de la ciudad, monumentos como la puerta de los leones, las tumbas de Clitemnestra y Agamenón y un rico museo. Sueño con los personajes de la Odisea y la Ilíada, relatos que recogió Homero de la tradición oral. Luego sigue Nafplio, pequeño puerto con casas venecianas y turcas, malecón con palmeras, cafeterías, bares y restaurantes, en el mar, una islita con un fuerte, el famoso Vurtzi, en lo alto el fuerte Palamidi, una construcción veneciana. Entre sus museos sobresalen el Folklórico y el Arqueológico. Nafplio es elegante, tiene su festival de música en verano, restaurantes de calidad, hoteles de prestigio, bellas pensiones y playas hermosas; sin embargo, es una ciudad para todos los presupuestos. A 30 kilómetros, el Teatro de Epidauro, el teatro clásico mejor conservado, parte del sanatorio de Esculapio, arrugo un papel para probar la excelente acústica. En el camino de regreso pienso en Elefsina la misteriosa, la antigua Corinto y su fortaleza medieval, Argos con su teatro y fortaleza. 
 
Sobre las islas hay tanto que decir, todas lindas con casitas blancas y callecitas limpias, algunas de mis favoritas, Santorini, una roca negra que surge del mar, Siros, con su teatro italiano y sus iglesias católicas y ortodoxas, Hidra, sin autos y con burros, Spetses, con su paseo frente al mar y su museo de la heroína Bubulina, creado por una familia, Rodas, con sus construcciones medievales, descanso y hospital de cruzados, Creta con sitios Minoicos como Knosos y bahías como la de Janiá ,…no acabaría nunca, me gustan todas. 
 
La comida incluye verduras cocinadas con aceite de oliva local o hervidas- servidas frías sazonadas con sal, limón y aceite-, granos, cordero y carnes de todo tipo, pescados y frutas frescas o en dulce, todavía se puede comer siguiendo la dieta mediterránea. Las frutas y verduras son baratas, maduradas al sol, una delicia para vegetarianos y un acompañamiento excelente para todo tipo de platos. 
 
*Ex profesora Titular de la UAM y UNAM de la Ciudad de México, periodista, vive en Atenas desde 2001. 
 
 

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Agosto 10, 2016