Samotracia es un paraje montañoso que se erige a 1611 metros de altura, abrupto en medio del mar, al suroeste del delta del río Evros y cerca de la boca de Ellíspondos. Un lugar extraño, imponente y sugestivo. A lo largo de su historia, su paisaje árido ha causado temor y un aura intensamente místico. Homero la llamaba "tierra sagrada" y "zathéi" (Ζαθέη), es decir tierra santa y augusta. Esta apelación se debe a que esta pequeña isla del Egeo del norte está desde la época arcaica unida a unos rituales místicos, las Kaveirias, (las segundas en importancia después de los misterios de Eleusis) que se celebraban en honor a los Grandes Dioses, los Kabeiros. 

Las personas que se iniciaban a estas ceremonias creían que se convertirían en mejores personas, más piadosas y más justas y, así, se asegurarían no solo mejor protección en sus viajes por mar, sino también felicidad en la vida después de la muerte. Estas ceremonias eran estrictamente secretas y confidenciales porque, según la leyenda, una gran maldición caería a quienes se atrevieran a revelar los detalles del culto. Por tanto son mínimas las informaciones que nos han llegado sobre ese ritual y el contenido de esta creencia. El historiador Plutarco pide perdón por no poder revelar más informaciones sobre estos "misterios". Entre los iniciados se incluían héroes y semidioses, tales como Hércules , Agamenón, Ulises, quienes para destacar rodeaban su cintura con un cinturón rojo. 

Hay más acontecimientos que reforzaron la leyenda de la isla y su fama. A ella se remontan las raíces de la familia real de Troya. Allí fue donde Filipo de Macedonia conoció y se enamoró perdidamente de la bella hija del rey de los Molosos de Epiro, dándole el nombre de Olimpiás (la que cohabita con los dioses del Olimpo), se casó con ella y tuvieron un hijo que cambió el rumbo de la historia: Alejandro Magno. A esta isla se refugió Perseo, el último rey de Macedonia, tras ser perseguido por los romanos. 

Por esta fascinante historia nos guiarán las 252 piezas de la exposición "Samotracia: los misterios de los Grandes Dioses" que desde el 20 de junio se está desarrollando en el Nuevo Museo de la Acrópolis con la ocasión de las celebraciones de su sexto aniversario y con la colaboración del Fondo de Antigüedades de las provincias de Rodope y Evro y del experto en antigüedades de Samotracia, Dimitris Matsas. 

El Director del Museo, Dimitris Pantermalís, nos ha explicado los objetivos de esta iniciativa: "Hemos decidido colaborar con los museos de la periferia de Grecia para acercar el gran público, local y internacional, a las antigüedades menos accecibles y poco conocidas. Para ello ofrecemos nuestra experiencia y sabiduría. Una vez expuestos en Atenas, los objetos de la exposición, rehabilitados y reparados, regresarán al Museo arqueológico de Samotracia, actualmente en renovación. Todo eso se realiza con mínimos fondos, pero estamos convencidos de que así reforzamos los soportes culturales de nuestros conciudadanos, tan necesarios especialmente en épocas de crisis, como la actual". 

 ¿Porqué elegimos Samotracia? Porque es una de la islas más remotas del Egeo y en la antigüeadad tenía un papel importantísimo. El culto de los Grandes Dioses ha ejercido una influencia muy amplia en todo el Mediteráneo. Es una variación de la religión de los griegos antiguos no tan conocida, distinta a la de los Dioses del Olimpo pero sin ser contradictoria. Respondía a las necesidades de los hombres de la época, de estar más unidos a sus dioses y de una manera más personal, en una relación transcedental exclusivamente creada para cada uno. Y, para sorpresa de todos, contenía unos rasgos similares a las prácticas religiosas contemporáneas: ayuno, oraciones, confesiones, rezos en momentos difíciles, e.t.c.. 

Los 252 objetos, que llegaron al Museo de la Acrópolis a principios de mayo, se sometieron a un análisis extraordinario por parte de conservadores altamente especializados que los han reparado cuidadosamente y ordenaron su presentación de una forma dinámica e innovadora. La única ausencia es la de la famosa estatua de la Victoria de Samotracia, descubierta en 1863 en el santuario de los Grandes Dioses y actualmente expuesta en el Museo del Louvre. 


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