Los lectores griegos tienen ya la oportunidad de disfrutar del bello y muy personal lenguaje del gran poeta peruano, César Abraham Vallejo Mendoza, mediante la traducción al griego de su prosa “Fabla Salvaje”, hecha por Dimitra Papavasilíu y publicada por Ediciones ROES.

Aunque considerado como el mayor poeta iberoamericano del siglo XX, en Grecia sin embargo se dio a conocer muy tarde. Su primera obra en griego aparece en el año 2000; se trata de “Poemas Completos”, una edición bilingüe compuesta por los poemarios Los Heraldos negros, Trilce, Poemas humanos y España, aparta de mí este cáliz. Es un trabajo excelente y bien documentado, fruto de un largo y laborioso esfuerzo del poeta griego, Rigas Kapatos, avalado por Ediciones Gutenberg.

Fabla es la primera obra en prosa que se traduce al griego y la segunda del poeta peruano. Publicada en Lima en 1923, es un relato de carácter psicológico que, por sus características, está considerado como fantástico.

Leemos en la contraportada de la edición griega: «A Balta habíale occurido una cosa extraña al mirarse en el espejo: había visto cruzar por el cristal una cara desconocida. El estupor relampagueó en sus nervios, haciéndole derribar el espejo”.

Un relato psicológico con una profunda búsqueda del sentido de la existencia humana, Fabla salvaje es a la vez un auténtico relato de ficción de América Latina. La historia transcurre en los Andes tan lejanos pero tan familiares, dentro de un ambiente de alteración mental, secretismo, superstición y misterio…[1]

Se trata de una de las obraw más famosas y abiertas a diversas interpretaciones del legendario autor latinoamericano, que relata la historia de un campesino quien, al romperse el espejo ante su reflejo, se ve envuelto por pensamientos obsesivos y acosado por un ser fantasmal; esta situación le hunde progresiva e irreversiblemente en el abismo de la locura. El autor se mueve a caballo entre el relato psicológico y la ficción. El paisaje imponente, los elementos de la naturaleza, los prejuicios de la gente (e.g. la rotura del espejo) ponen de manifiesto de la manera más clara posible ese doble carácter de la novela.[2]

La palabra Fabla es un arcaísmo equivalente a fábula; el poeta al parecer lo tomó de uno de los versos de Ramón del Valle Inclán.

Biografía

poihtika apanta vallejoCésar Vallejo nació el 16 de marzo de 1892 en Santiago de Chuco, en Perú y falleció en París el 15 de abril de 1938, a la edad de los 46 años. Su particular lenguaje poético y su diferenciación expresiva le han valido con razón el calificativo de mayor poeta de habla hispana o, según Martin Seymour-Smith, mayor poeta universal después de Dante. Su obra literaria abarcó prácticamente todos los géneros: poesía, narrativa (novelas y cuentos), teatro y ensayo, y en todos ellos se divisa una constante búsqueda de la innovación, despreciando los cánones estéticos y retóricos tradicionales.

En su tierra natal vivió grandes penurias económicas y fue injustamente encarcelado; consiguió escaparse y marcharse a Europa donde recurrió España, Francia y Rusia.La mirada de Vallejo siempre había estado puesta en el viejo mundo y cuando finalmente consiguió visitarlo se sintió tan cerca de todo lo que siempre había deseado que jamás sintió el deseo de volver a su tierra natal. Falleció en París en 1938, tras una larga enfermedad, siendo aún muy joven. Sus restos reposan en el Cementerio de Montparnasse tal y como se lo había pedido a su esposa.[3]

“Vallejo fue un vanguardista porque escribió poesía surrealista antes de los surrealistas, ejerció la escritura automática antes de André Breton, adoptó las formas modernas al mismo tiempo que los modernistas e hizo poesía desestructurada antes de la invención del término. Fue un impulsor de los movimientos poéticos europeos y por eso su aportación a la poesía universal es única e inestimable”; con estas palabras describe la obra de Vallejo el poeta griego Dinos Siotis.

ESPERGESIA de C. Vallejo

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,
que soy malo; y no saben
del diciembre de ese enero.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Hay un vacío
en mi aire metafísico
que nadie ha de palpar:
el claustro de un silencio
que habló a flor de fuego.

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Hermano, escucha, escucha…
Bueno. Y que no me vaya
sin llevar diciembres,
sin dejar eneros.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,
que mastico… y no saben
por qué en mi verso chirrían,
oscuro sinsabor de ferétro,
luyidos vientos
desenroscados de la Esfinge
preguntona del Desierto.

Todos saben… Y no saben
que la Luz es tísica,
y la Sombra gorda…
Y no saben que el misterio sintetiza…
que él es la joroba
musical y triste que a distancia denuncia
el paso meridiano de las lindes a las Lindes.

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo,
grave.

[1] De la contraportada de la edición griega

[2] Crítica de https://www.timesnews.gr/

[3] Lee todo en: César Vallejo – Poemas de César Vallejo http://www.poemas-del-alma.com/