Víctor Andresco*, Director del Instituto Cervantes de Atenas, ha accedido amablemente a responder a nuestras preguntas resaltando el papel de esta prestigiosa institución al servicio de la cultura española, su misión en Grecia y sus retos y desafíos del siglo XXI.

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El Instituto Cervantes -la entidad de referencia de la difusión de la lengua y la cultura españolas en el mundo- cumple en 2016 veinticinco años de vida. ¿Cómo valora el papel del Instituto a lo largo de estos años en su labor de difusión del español?

Me parece que el Instituto Cervantes ha desempeñado un papel capital en la difusión del español; la expansión mundial de nuestra lengua es un fenómeno imparable pero con una herramienta como el IC, presente en más de setenta ciudades de los cinco continentes, se multiplica su impacto y se explica mejor su complejidad y su importancia.

En medio de un ambiente globalizado resulta innegable la influencia asimiladora de los EE.UU. ¿El español puede resistir? y ¿qué hace el Instituto Cervantes para consolidarlo como segundo idioma con mayor influencia en el mundo?

La contribución del Instituto Cervantes es importante en la medida en que da a conocer la riqueza y la variedad del español, un asunto que va más allá de su propia esencia lingüística y se adentra en la cultura y en el desarrollo de más de una veintena de países. Hoy la lengua española es mucho más que un patrimonio histórico o lingüístico y tiene que ver con la identidad de centenares de millones de personas que viven en el siglo XXI, un tiempo lleno de desafíos, tecnológicos y humanos.

En Grecia, ¿cuál ha sido la evolución en la enseñanza y aprendizaje del español? ¿Sigue entre las preferencias lingüísticas de los griegos?

Por mi experiencia en estos tres últimos años puedo afirmar que el español está muy arraigado entre los griegos, tanto entre quienes estudian lenguas como en general. Tal vez por una identificación entre pueblos mediterráneos, por las similitudes fonéticas entre ambas lenguas o por una simple cuestión sentimental (creo que tanto griegos como españoles estamos contentos de parecernos entre nosotros) el caso es que se percibe esa afinidad. No tiene sentido competir con la “utilidad” del inglés o, en los últimos tiempos, del alemán, lo importante es que el español se reconozca como ese pasaporte a una cultura plural –incluyendo aspectos prácticos como las economías latinoamericanas en auge o la arrolladora presencia del español en los Estados Unidos.

Siendo la lengua un vehículo perfecto para la difusión de la cultura, ¿cómo utiliza el Instituto Cervantes este valioso capital en Grecia concretamente?

Intentamos que nos sirva para dar a conocer nuestro legado común –siempre buscamos el diálogo entre artistas, escritores o expertos en distintos campos del conocimiento y la creación- y procuramos orientar nuestra actividad cultural a los intereses de nuestro público. Lo mismo sucede con los muchos y muy participativos usuarios y lectores de nuestra Biblioteca Juan Carlos Onetti. Solo de ese modo conseguimos que la gente se implique tan activamente como lo hace en nuestras lecturas dramatizadas, talleres de lectura, ciclos de cine o exposiciones y festivales. No quisiera olvidar el Premio de Traducción que anualmente convocamos junto a otros centros culturales como la Hellenic-American Union, el Instituto Danés o el Goethe Institut.

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Con la excepción de algunos autores, como Kavafis o Kazantzakis, la recepción española de la literatura griega contemporánea podría calificarse de “tímida”. ¿A qué se debe eso, a su juicio, y cómo se podría fomentar esta recepción desde el Instituto Cervantes?

Ese es un fenómeno muy ligado al mercado editorial y no es privativo de las letras griegas. Nosotros intentamos compensarlo dando a conocer nuevas iniciativas editoriales (recientemente tuvimos en el Instituto a Vasilis Vasilikós, que acaba de ser publicado en una pequeña editorial) y buscando mayor comunicación con otros institutos; Pongo otro ejemplo: la exposición que tenemos ahora, de la artista Ártemis Alcalay, en cuya itinerancia por otros centros del Instituto Cervantes estamos trabajando ya para los próximos meses.

¿Ocurre lo mismo con la literatura española? o ¿las letras españolas ocupan un puesto mejor en el espacio literario griego?

Creo que la literatura escrita en español –de España y de toda América— está mucho mejor representada gracias al impresionante esfuerzo editorial de los griegos. Da gusto pasear por las innumerables y excelentes librerías de Atenas y ver que no paran de traducirse novelas, poesía y ensayos escritos en nuestra lengua. El próximo mes de junio contaremos en el Festival LEA con la presencia de autores como Andrés Neuman y Héctor Abad Faciolince, cuyas nuevos títulos están a punto de aparecer. Me gustaría aprovechar este punto para felicitar a los griegos por su sólida y apasionada tradición editorial, a la altura de las mejores del mundo incluso en estos tiempos tan difíciles en el plano económico.

Finalmente, no podemos evitar la pregunta de si la coyuntura económica de los últimos años en España -pero, también, la de algunos países, como Grecia, donde está instalado el Instituto- han modificado o ralentizado su programación y sus planes.

Sin duda, pero no siempre a peor. Me refiero a que gracias a esta coyuntura también se ha fomentado la racionalización de recursos y hemos podido recuperar nuestra sede histórica de la calle Skoufá, 31, en el corazón de Kolonaki, y tras una minuciosa restauración, volveremos a utilizar ese edificio maravilloso que en el pasado fue residencia de los Embajadores de España y es un perfecto emblema del neoclásico ateniense de principios del siglo XX. Estoy convencido de que esta recuperación patrimonial será un nuevo impulso a la actividad del Instituto en Grecia.

*Víctor Andresco (Madrid, 1966) es licenciado en Filología Eslava (Universidad Complutense de Madrid) y ha dedicado parte de su actividad profesional a la traducción y edición literarias. Interesado en los mecanismos de la industria cultural y los medios de comunicación, trabajó en el diseño y producción de campañas publicitarias y fue miembro fundador del Pen Club de España. Ha escrito sobre arte y literatura y de forma especial sobre el papel de la fotografía como elemento transformador de la identidad cultural latinoamericana; es autor de una breve obra de ficción –con títulos como Los clavos del cielo (2003), El rey del mundo (2004) o A buenas horas cartas de amor (2008)— y de una copiosa trayectoria como periodista cultural, especialmente en periódicos como ABC y El País. Ha dirigido los Institutos Cervantes de Moscú (2004-2008) y Milán (2008-2012) y en la actualidad dirige el de Atenas.

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