En el santuario panhelénico de Delfos, declarado Patrimonio de la Humanidad por Unesco (1987), hablaba el oráculo de Apolo, y en él estaba situado el ónfalo (“ombligo del mundo”). En perfecta armonía con el soberbio paisaje circundante e impregnado de significación sagrada, Delfos era en el siglo VI a.C. el centro religioso del mundo griego y símbolo de su unidad. 

Delfos es un conjunto artístico y arqueológico único situado en la ladera del Monte Parnaso donde encontramos una obra maestra compuesta por un conjunto de monumentos: templos, tesoros, etc. que proporcionan la evidencia de los valores materiales y espirituales de un lugar que podría ser calificad de mágico. 
 
Durante el período micénico, la diosa Gea era adorada en el, entonces, pequeño sitio de Delfos. El santuario que ahora conocemos y oráculo de Apolo nacieron en el siglo VIII a.C,. Bajo la protección y administración de la anfictionía –fundación religiosa de doce pueblos-, el santuario mantuvo su independencia tras la Primera Guerra Sagrada, e incrementó su influencia religiosa y política sobre todo mundo helénico. Los juegos Piticos se reorganizaron y el santuario se amplió y se pobló de magníficos edificios, esculturas y otras ofrendas. Tras el dominio de los Etolios en el III siglo a.C., fue conquistado por los Romanos en el 191 a.C. Durante la época romana, el sitio fue saqueado varias veces, pero disfrutó también de los favores de algunos emperadores. Con la difusión del cristianismo, el santuario fue perdiendo su influencia, y, finalmente, fue clausurado por Teodosio el Grande.

El lugar presenta los siguientes monumentos: 
 
El templo de Apolo: del siglo IV a.C, fue construido sobre los restos de un templo del siglo VI a.C y contenía el áditon, centro del oráculo donde se ubicaba el asiento de Pitia. 
 
El Tesoro de los Atenienses: este pequeño edificio de orden dórico, con dos columnas in antis y su rica decoración escultórica, fue construido por los atenienses al final del siglo VI a.C. para contener sus ofrendas a Apolo. 
 
El altar de los Quiotas: una inscripción nos dice que el altar mayor del santuario frente al templo de Apolo fue construido por los habitantes de Quios en el siglo V a.C. Su realización en mármol negro a excepción de la base y su coronación, que son de mármol blanco, presentan un impresionante contraste cromático.
 
La estoa de los Atenienses: construida en orden jónico, presenta siete columnas estriadas monolíticas. Una inscripción en el estilóbato indica que fue construida por los Atenienses después de 478 a.C para albergar los trofeos de sus victorias navales sobre los Persas . 
 
El teatro: construido en el siglo IV a.C. presenta hoy el aspecto de un teatro de la época romana imperial. Su cavea tiene 35 filas de gradas de piedra; se conservan los cimientos de la escena. En la actualidad, este teatro se utilizaba sobre todo para representaciones durante los grandes festivales.
 
El estadio: construida en el siglo V a.C., fue remodelado en el siglo II de nuestra era, por Herodes Ático. Entonces se añadieron los asientos de piedra y la entrada monumental. En este estadio se celebraban los juegos Píticos panhelénicos. 
 
La fuente Castalia: los restos de dos fuentes monumentales alimentadas por el agua de las rocas Fedriadas, tienen su origen respectivamente en las épocas arcaica y romana. La más reciente está tallada en la roca, se ha decorado con nichos también tallados en las rocas, que albergarían las ofrendas hechas a la ninfa Castalia.
 
El tolos: este edificio circular de estilo dórico fue construido alrededor de 380 a.C. Su función es desconocida, pero debía de ser importante a juzgar por la calidad de su arquitectura y su notable decoración tallada. 
 
El muro poligonal: construido después de la destrucción del primer templo de Apolo en 548 a.C, para contener la terraza, sobre la que se iba a construir el nuevo templo, tiene un revestimiento de bloques poligonales sobre los que están grabadas muchas inscripciones, sobre todo de manumisión.

 
 

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