Yorgos Prevelakis es profesor de geografía política y cultural en la Universidad París I (Panthéon Sorbonne). En una entrevista concedida al boletín francófono Gréce Hebdo (7/6/2018) él habló de la identidad nacional griega y del futuro de la identidad europea.

¿Qué se entiende por el término “identidad nacional”?

Para ser estricto, opino que se debe limitar el uso del término “identidad nacional” en el marco de la “modernidad”. Por este término se entiende aquel modo de organización geopolítica que surgió paulatinamente en Europa occidental a partir del siglo XVII (1648, Tratado de Westfalia) y que alcanzó su madurez con el nacionalismo alemán y la revolución industrial, a principios del siglo XIX. La Nación (y por consiguiente la identidad nacional), forma parte integrante, junto con el Estado y con el Territorio, de esta trilogía fundadora. La convergencia, casi la coincidencia de estos tres elementos, constituyen este modelo. Es por esta razón que su introducción en otras regiones del mundo no podía más que llevar a limpiezas étnicas. Hacía falta que la nación, y nada más que la nación, se encontrara dentro de un Territorio claramente delimitado-determinado y a la vez controlado por un Estado centralizado y  centralizador.

Mitigar la identidad nacional no significa negar su continuidad. Pero la identidad nacional, en gran medida forjada dentro del Estado Moderno, no puede crearse ex nihilo. Visto así, la identidad national griega, que salió a la luz paulatinamente a partir del siglo XVIII es el fruto de una doble continuidad : la del Oriente, a través de la Iglesia Ortodoxa y el rum millet (palabra turca que singifica "la nación de los griegos")  y la del Occidente a través del Renacimiento y de las Luces. Es el cruce de estas dos órbitas del patrimonio helénico que constituye la identitad nacional griega.

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¿Cuáles son las mutaciones más importantes en la identitad nacional griega durante estas últimas  décadas? 

Una identidad nacional debe parecer inmóvil y monolítica. De no ser así, ¿cómo se puede que se crea en ella y que se quite la vida por ella? Eso, de hecho, no es sino una  ilusión útil. La identidad nacional es múltiple y está en cambio constante. No deja de adaptarse a las transformaciones del entorno y viene para “soldar” las tensiones y las contradicciones dentro de una población.  

El fenόmeno principal de las últimas décadas en torno a este tema es la convergencia de dos versiones del nacionalismo griego: el nacionalismo « nacionalista » que se expresaba por la Katarévusa (forma purista y culta de la lengua con muchos elementos arcaizantes) y el nacionalismo « progresista » que se expresaba por la Demótica. (el habla diaria, común). La dictadura debilitό la primera, sin eliminarla completamente. Eso dio lugar a una síntesis según la cual los elementos xenófobos de la tradición comunista (como el anti-americanismo) pudieron combinarse con las tendencias anti-occidentales de la tradición nacionalista. [...] Al atenuarse la división nacional después de la guerra civil, nos llevamos a una estabilidad en nuestra identidad. El sentimiento de seguridad (por una parte seguridad econόmica, por otra parte seguridad en lo que concierne a nuestros problemas de defensa) como consecuencia de la adhesiόn de Grecia a la UE, ha llevado a su vez a otro sentimiento de autocomplacencia y de arrogancia. Es por dicha razón que las décadas de la prosperidad falsa se caracterizan por un inmovilismo en cuanto a nuestra identidad, se caracterizan por un estancamiento intelectual y artístico.

La crisis económica ha demostrado lo peligroso que es dejar de hacer evoluar a las identidades. La crisis hizo que salieran a la luz los déficits económicos y otros más. Los aspectos de la crisis harán que se desvanezcan los efectos  del “europeo apático” de las décadas pasadas. Las ilusiones se han derrumbado  una  tras  otra, dando  lugar  a la ira y la desesperanza. No obstante, la sociedad griega dispone de un mecanismo de resiliencia. […] De un tiempo a esta parte se han multiplicado los libros y los artículos cuyo tema es la identidad nacional griega, se ha notado también una mayor libertad en tratar en público temas tabúes, como por ejemplo los judíos en Salónica algunas décadas atrás. Eso muestra que se comienza a interpretar de nuevo la identidad nacional. [...] Después del sueño de los años 1981-2009, el país heleno puede aspirar a encontrar de nuevo su vigor intelectual. Afin de conseguirlo, el país debe salir de este ambiente, debe dejar de denigrar a sí mismo, dándose cuenta de sus ventajas. El papel de las élites intelectuales y políticas es esencial. Conscientemente o no, voluntaria o involuntariamente, las élites políticas contribuyeron a una decomposición de la identidad griega. Ahora es el momento de la reconstrucción. El libro “Los griegos ¿quiénes son? Una identidad en crisis (y su versión en griego Nosotros ¿quiénes somos ? Geopolítica de la identidad griega) es un ensayo que presenta las ventajas de una tradición helénica más allá del marco del Estado Nacional.

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¿ Se puede imaginar la identidad national griega sin la herencia cultural de la Grecia Antigua?

No. Sin embargo esta herencia es tan amplia, prestigiosa y multiforme que podría interpretarse de varias maneras. Así, el ritual ortodoxo y el neoclasicismo son formas de la continuidad helénica muy diferentes entre sí,  incluso contadictorias,  pero han coexistido a lo largo de la identitad nacional. Gracias a esta riqueza, la identidad nacional griega u otra cualquiera, dispone de un margen de maniobra muy grande que le permite adaptarse a contextos muy diferentes pero sin perder su continuidad.

¿Cuáles son las ventajas de Grecia en el mundo posmoderno del siglo XXI ?

La diversidad inmensa de una identidad basada en la riqueza de su patrimonio. La identidad nacional es sólo una de las expresiones de esta riqueza. Que no se nos olvide la identidad del helenismo de la diáspora, la identidad local, la identidad mediterránea. El mundo va alejándose del modelo de la modernidad geopolítica, (i.e de la trilogía Estado-Nación-Territorio) para encontrar de nuevo las formas antiguas: las identidades religiosas, las redes, los imperios. Los griegos, obligados durante dos siglos de adaptarse a las formas rígidas de la modernidad geopolítica,  hacen  ahora  frente  a una nueva realidad, multipolar y multiescalar, que conviene mucho más a su herencia. Para que esto esté más claro, hace falta dejar de ver al mundo griego únicamente a través del Estado y a través de la identidad nacional. Hace falta percibirlo como una red caótica pero al mismo tiempo bien organizada, incluyendo a Grecia y a Chipre, a la diáspora, a su marina mercante, a la Iglesia Ortodoxa Ecuménica.

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La ciudad de Atenas de hoy ¿cuál es su imagen, tiene algo nuevo que aportar ?

Al comparar el paisaje ateniense de principios de los años ´60,  (de aquel momento del apogeo del sueño modernizador) con Atenas de hoy, se puede observar una amplitud de cambios. Durante casi dos siglos enteros, Atenas había sido el símbolo y la cuna de la norma geopolítica occidental. Atenas representaba la modernización sugerida por una élite occidentalizada y arrogante, instalada en su seno. Pero a medida que nos encaminábamos hacia la globalización, (tanto intelectual como material) Atenas iba perdiendo su prestigio.

¿Qué opina sobre el futuro de la identidad europea?

La identidad europea puede tener un buen futuro siempre y cuando Europa vuelva a encontrar sus raíces mediterráneas, de las que se ha alejado significamente debido a la influencia de Estados Unidos a lo largo del siglo pasado. Europa quiso imitar a América, pero América ha dejado de tener tanto encanto. Europa prestó demasiada atención a lo masivo y a lo material, mientras que la innovación tecnológica está empujando cada vez más hacia la individualización y lo inmaterial. Grecia, en pleno centro de la tradición mediterránea, puede verdaderamente constituir una ventaja. Pero me refiero a Grecia de Seféris, de Cavafis, de Venizélos, de Onasis, de Cálas y no al Estado griego rentista y al del clientelismo. Europa mira al país heleno bajo el efecto de su continentalidad. Europa percibe a Grecia como a un país balcánico. Europa sin embargo no debe separar a Grecia de su mar. Es este mar que podría contribuír a la renovación de la identidad europea.

(Traducido del francés al español por A.Pap)

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